Vende todo lo que tienes, y tendrás tesoro en el cielo; luego ven y sígueme. Lucas 18:22 El joven rico se acercó a Jesús con una pregunta sincera: “¿Qué debo hacer para heredar la vida eterna?” Su anhelo era real, pero su comprensión estaba distorsionada. Pensaba que la salvación podía obtenerse haciendo cosas, cumpliendo requisitos, acumulando méritos. Sin embargo, Jesús miró más allá de sus palabras y señaló con amor lo que realmente ataba su corazón: sus posesiones. El problema no era su riqueza. El problema era quién ocupaba el trono de su vida. El joven poseía muchas cosas, pero era esclavo de ellas. Jesús no le pidió limosnas, ni rituales, ni esfuerzos religiosos. Le pidió todo. Le pidió el control total de su vida. Este pasaje nos recuerda que el seguimiento de Cristo exige rendición. No basta con darle partes de nuestra agenda, un poco de nuestro tiempo o una fracción de nuestros bienes. Él quiere nuestro corazón completo, sin reservas. Quiere que confiemos ta...
Toda rama que da fruto, Él la poda para que dé más fruto. Juan 15:2 Puede resultar desconcertante cuando, en medio de la fidelidad a Dios, nos enfrentamos al dolor. Después de todo, ¿no debería la obediencia producir únicamente bendiciones visibles? Sin embargo, lo que a veces interpretamos como retroceso o pérdida, puede ser la mano cuidadosa del Jardinero divino preparándonos para un fruto mayor. La poda no es castigo, es amor en acción. Es la forma en que Dios elimina de nuestras vidas lo innecesario, lo que estorba, lo que podría desviar nuestra mirada. Él corta con precisión todo aquello que, aunque parezca bueno, impide que demos lo mejor. No podemos elegir las herramientas que Él utiliza—pueden ser personas difíciles, situaciones injustas o pruebas que nos duelen profundamente. Pero sí podemos elegir confiar. Confiar en que detrás de cada corte está Su sabiduría. Que Su mano nunca tiembla. Que Su propósito es hacerte crecer. Así que cuando sientas que estás siendo po...
Yo hablé, y lo haré venir; lo he pensado, y también lo haré. Isaías 46:11 Dios siempre cumple lo que promete. Recuerda esto especialmente cuando esperas que algo que Él te dijo se cumpla, o cuando te ha encomendado una tarea que aún no ves realizada. Jesús glorificó al Padre terminando la obra que le fue asignada ( Juan 17:4 ), mostrando que para Dios la finalización es tan importante como el comienzo. Cuando el Señor decide hacer algo, puedes tener la plena seguridad de que lo llevará a cabo . Sin embargo, no siempre lo hará de la manera que esperas o en el tiempo que imaginas. A veces Su obra no se ve como la habías visualizado, pero Él actúa de forma estratégica para cumplir Sus propósitos. Jesús mismo dejó pueblos sin visitar y personas que no sanó, porque Su meta no era hacer “todo”, sino cumplir exactamente el plan del Padre. Eso no significó que algo quedara incompleto; al contrario, como dijo el Señor: «Es necesario que se cumpla todo lo que está e...
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